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XXXI - Sobre el mal llamado "Estado"

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                                                   XXXI

Sobre el mal llamado "Estado".-  Nos encontramos bebiendo de los colmillos sangrientos de una gran hiena llamada "Estado". Cuando estudiamos los aspectos sociales y antropológicos de las antiguas culturas, sobre todo las primitivas, vemos pues, que estas tribus tenían sus líderes. Estos líderes ejercía su poder apoyando a su clan, nunca desaparándolos, se preocupaban por el bien de su comunidad y se organizaban procurando el bien común. Claro, también existieron otros tipos de tribus que eran todo lo contrario, pero al menos exístian individuos que se preocupaban por otros. Actualmente, esto ya no es así. Mientras estas sociedades primitivas, tenían líderes en sus tribus, verdaderos caciques y caudillos que daban la vida si alguien intentaba meter un pie en sus tierras. Estos líderes protegían a capa y espada los intereses de sus pueblos, daban esta protección al clan de la comunidad. Pero acá no tenemos líderes que den su vida por nosotros. Acá tenemos "Estado". Pregunto "¿Estado?", ¿Qué es eso?

El "Estado" es el Inferno de Dante colocado en la tierra. Es el pandemonium medieval, donde sus nueve círculos infernales están llenos falsos ídolos a los que el pueblo tiene que venerar, llenos de bestias infernales peor que el cerbero y peor que el leviatan hobbesiano. En este "Infierno" llamado "Estado", los siete pecados capitales son otros, y esta es su lista: racismo, explotación, chismosería, enfermedad, caos, prensa y corrupción (el pecado favorito del "Estado"). Entonces me hice una pregunta que casi me asfixiaba el gaznate ¿Cómo? - decía yo - ¿Cómo pretender decirle al "Estado" que elimine la corrupción, si de eso vive? ¿Cómo pretender decir que elimine la corrupción, al que vive de la corrupción? ¡Qué ingenuidad la mía! Pero no por ello, me doy por vencido. 

El Estado es donde todos comen veneno. Los justos e injustos, donde todos quieren la joya del "Poder" para beneficiarse a sí mismos, antes que al pueblo. Buscan y anhelan el "Poder", porque sin la corrupción, no son nada. Quieren hacerse ricos de la noche a la mañana con la plata del pueblo (esto es "impuestos") y llenarse no solo los bolsillos y la boca, sino también su vil y sucia alma. Quieren el "Poder" porque sin ello son almas tristes y en pena que a nadie importa y a nadie valoran. Nuestras almas no deben ser presas de ningún tipo de servilismo, ni mucho menos explotada por quienes tienen "el poder". Pero esperen, dije "Poder ¿Qué es eso?". El Poder es la putrefacción del alma sana a un estado de vil corrupción y servilismo.

Pretender decirle al "Estado" que elimine la corrupción, es como pretender decirle al mentiroso que deje de mentir, si precisamente ese es su arte. Cada cinco años cambiamos de "Presidente", cambiamos de persona en el trono de Pizarro, pero no cambiamos de "Estado". Todo esto es una enfermedad para el pueblo.

El "Estado" quiere todo de ti. No le basta con una pequeña parte de ti, lo quiere todo. No conforme con "apoderarse" de tus bienes y de tu cuerpo, el "Estado" quiere más, quiere tu vida y tu alma. El "Estado" te ofrece el gallo negro y te otorga la daga para que hagas tu pacto con el. Como sea quieres que firmes el contrato de tu muerte, pactando en sus cláusulas tu servilismo. "Baja la cabeza y humíllate ante mí", eso te dice subliminalmente y tú te olvidas de leer las letras pequeñas de aquel pacto diabólico y firmas tu propia sentencia de muerte. Adios libertad, adios derechos, adios a tu vida, desde ahora, el "Estado" te dice: ¡ME PERTENECES!

El verdadero cáncer del pueblo es el Estado. Pero no conforme con tener un cáncer, el "sistema" inmunológico estatal" está lleno de parásitos y roedores (políticos corruptos) que no conformes con robar al pueblo, también se roban entre ellos mismos. Emprenden una lucha por la supervivencia del más fuerte, porque son como esos monos trepadores y perros cazurros, que solo esperan ser alimentados y amamantados de la teta de la corrupción, sin mover ni un solo dedo. Al final, toda esta putrefacción estatal huele mal, todos estos políticos de tercera apestan como aquellas bocas contaminadas por el hedor de una úlcera hepática que ni bien uno siente esa deep fragance, prefiere alejarse antes que soportar esa pestilencia estatal. Pero ¿alejarse? ¿será posible esto? Claro que sí, antes que nada, no debemos olvidar que nuestras almas han de ser indómitas, somos espíritus libres que no vivimos de utopías, sino de realidades. No queremos más falsos gobiernos platónicos, ni falsas esperanzas. Nosotros mismos debemos construir nuestro propio destino y tratar de vivir lo mejor que podamos. No nos contaminemos en las fauces de la bestia estatal, que tiene sus colmillos con demasiada sangre. Alejémonos de esa pestilencia y procuremos construir un futuro mejor para nosotros. Quizá vivamos dentro de este pandemonium estatal, quizá vivamos dentro de esta gran bestia sodomita, pero por más que vivamos dentro, no formemos parte de su vil trabajo.
El Estado te controla. TAGS:libertad,Estado,Poder,Política


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