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XXIII - Sobre la caída de los espíritus libres

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                                                              XXXIII

Sobre la caída de los espíritus libres.- Estimados hermanos míos, durante mucho tiempo se nos ha dicho que es mejor el silencio que la lucha, pero yo, no estoy de acuerdo. Sabed pues que si vosotros no lucháis, nada conseguiréis. Pero la lucha que os propongo, no es una lucha con armas, ni violencia, sino una lucha con inteligencia y perspicacia. Sabed y tenéis dos cosas en claro: 1. Que la inteligencia hara superior a cualquier hombre. 2. Que nuestra libertad, nunca debe ser oprimida. 

Conociendo estos dos puntos, mis queridos hermanos, nos queda ahora trabajar para que así sea. Debemos aprender a cultivar nuestra inteligencia, dejando de lado las creencias populares, las banalidades y estupideces que muestran en la televisión y sobre todo, recurrir a los libros, la máxima expresión y manantial del saber, desde hace miles de años. Si bien es cierto, no toda la sabiduría está en los libros, pero lo que sí está, es el camino que nos conduce a la sabiduría. Sépanlo pues, así como entre los juristas se dicen que "el abogado que no lee, es cada día menos abogado", yo os digo, que aquel que no lee, es cada día menos superior. Aquí no se trata de superar a otros, sino de superarse a sí mismos, para luego (quizá) superar a otros. Entended bien esto. porque el camino a la sabiduría, es algo que muchos inician, pero no todos llegan, puesto que encontrarán más que un obstáculo en vuestro derrotero. 

Los primeros obstáculos que encontraréis, serán los políticos y los religiosos, ambos casi siempre, van de la mano. Ambos se parecen mucho, pues los políticos tienen un líder y los religiosos también los tienen. Por ejemplo, los católicos tienen en el "sumo pontífice" su máximo líder, a quien llaman "El Papa". Cierto día, me topé con un grupo de católicos fanáticos y estos me obligaron a que tenga respeto y guarde reverencia ante el Papa. Yo les dije que no lo tendré y se asustaron. ¿Pueden creerlo? Hay gente que me dice que le debo tener "reverencia" al Papa Francisco. Pero yo me pregunto ¿Acaso el Papa Francisco no es el líder de la iglesia católica? Ergo, si yo, no soy católico ¿por qué debería tenerle "reverencia" a un Papa católico? Entended pues, que si no profeso esa religión, no me deberían decir que tenga o "guarde reverencia" a un ser humano con traje blanco que se la da de "muy humilde" pero que sigue cobrando sus miles de euros a la hora de la paga. Sabed pues, que si el Papa Francisco llegase a venir al Perú y mientras todos le inclinan la cerviz, yo me quedaré en pie y de brazos cruzados. Mientras todos ven a un "Santo", yo solo veré a un hombre anciano, vestido de blanco que a fin de mes, espera cobrar sus miles de euros. Lo siento, pero no. No soy un "santo", pero tampoco soy un hipócrita. No seré un hombre religioso, pero soy un hombre libre.

Algunos se preguntarán "¿Eres libre? ¿Cómo podéis ser libre, en una sociedad que no la es? La sociedad tiene sus reglas, sus normas de conducta, pero sobre todo sus leyes, y esto es, porque la sociedad forma parte del Estado. Pero por más que la sociedad forme parte del Estado y tenga sus leyes, yo trato de vivir alejado de todo esto. Yo he decidido tener mis propias normas y mis propias leyes. Una de ellas, por ejemplo, dicta a mi conciencia que debo seguir el camino que me guíe al conocimiento, pues debo hacer del conocimiento mi único estandarte y esa debe ser mi única preocupación.

Hermanos míos, entended pues, que lo único que debe preocupar al hombre es, tratar de buscar y hallar el conocimiento. Nos podrán quitar todo, casa, comida, vestido, dinero, pero jamás nos quitarán lo que poseemos en el cerebro, y eso hermanos míos, junto con la libertad, es lo único que siempre será nuestro. Muchos tendrán títulos, cargos y honores, pero no todos poseen inteligencia. Sabed bien esto, varones y mujeres del mañana, vosotros sois el nuevo remanente. Vosotros soís el amanecer de tanta ignorancia que abunda cada vez más, en este decrépito mundo. Para aquellos que se jactan en decir "Spes relinquite omnes, o vos intrantes" (Abandonad toda esperanza los que aquí entrais), yo os digo que no la abandonen. Pero como bien sabéis, yo no creo en la "esperanza", porque yo creo las posibilidades y el futuro. En mi arduo camino a la búsqueda del conocimiento debo abrirme paso y dejar atrás muchas cosas, pero no debo pensar en rendirme o en desestimar. Muchos querrán ver la caída de los espíritus libres, pero no les demos el gusto. Luchemos por lo que realmente pretendemos conseguir, pero nunca bajemos la guardia.

¡Oh hermanos míos! Se nos ha enseñado desde siempre, que en la vida existen dos tipos de hombres, aquellos que mandan y aquellos que son mandados. Decidme ¿En qué bando estáis? ¿Acaso estáis entre los que mandan o entre los que agachan la cabeza y dicen "amén" a lo que otro les diga? Vosotros sois los únicos que sois dueños de vuestra propia existencia y de vuestro propio destino. A vosotros se les ha enseñado más que a mandar, a "obedecer", y caen en la triste desfachatez de obedecer a otros, pero no sois capaces de obedecerse a sí mismos. ¿Qué ha pasado pues? ¿Dónde estáis vuestro espíritu libre? ¿Dónde estáis aquellos que levantan su voz de protesta ante la tiranía de otros y la injusticia por parte de los astutos? El hombre que no expresa lo que siente, siempre estará condenado, no solo a guardar silencio y con esto "otorgar", sino también a ser pisoteado. Es cierto que el inteligente sabe cuando callar, pero con mucha más razón, el inteligente debe saber cuándo actuar.

Ahora que sabéis esto mis queridos hermanos, en vosotros está la capacidad de elegir lo mejor para sus vidas, vosotros decidíd, si pretendéis lograr alcanzar el conocimiento o seguir viviendo a la merced de la docta ignorancia. Yo ya he decidido mi camino, y aunque deba partir solo, eso no me importa, yo sé bien lo que deseo, sé bien lo que pretendo lograr y cuando uno sabe lo que quiere, no hay obstáculo, ni impedimento que lo pueda detener, pues al igual que algunos de los dioses (de las distintas mitologías antiguas) luchaban solos, si debo de hacerlo, lo haré. Además, vosotros no estáis solos mis queridos hermanos, con vosotros podéis llevar el corazón y sobre todo las grandes mentes, de los forjadores del ayer, que emprendieron (también solos) su camino, pero llegaron a la cima de la montaña. En vosotros, espíritus libres, estáis la senda que debéis seguir, no traten de obedecer a otros o seguir a otros sin cuestionarlos y sobre todo, sin investigarlos. No seáis como las ovejas que siguen al pastor de algún rebaño sin mostrar, ni expresar vuestro propio pensar. Recordaos pues, mis queridos hermanos y espíritus libres, que vosotros: "Debéis ser como dioses, entre los hombres". 


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Comentarios XXIII - Sobre la caída de los espíritus libres

Buen escrito
Ro Ro 22/07/2014 a las 23:38
Buen escrito, hermano.
Ro Ro 22/07/2014 a las 23:41

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