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XIX - Sobre la ilusión de la realidad

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                                              XIX

Sobre la ilusión de la realidad.-  Estuve leyendo por la mañana uno de mis libros que trata sobre “Lo real y la realidad en el cerebro humano” en cuestiones filosóficas y decidí hacer una pequeña crítica al respecto.

De acuerdo a la lectura, la noción de “cerebro” que tiene el filósofo inglés Charli Broad, es que el cerebro es como una válvula reductora que filtra el inmenso caudal de datos que fluyen desde los órganos de los sentidos al cerebro. A lo cual agrega que los propios órganos de los sentidos perciben sólo una pequeña parte de la realidad y nada más. Empero, desde el punto de vista neurofisiológico, el llamar “realidad” a lo que “percibimos” resulta algo inadecuado y muchas veces sin sentido. 

Por otra parte, los estudios que realicé sobre el filósofo irlandés G. Berkeley me dieron a entender otro criterio, puesto que si sólo conocemos lo que “percibimos”, de manera que sus contemporáneos discutieron si cuando caía un árbol en el bosque y nadie estuviera presente para escucharlo haría algún ruido o no. Pero indudablemente hoy sabemos que no habría ningún ruido, ya que el sonido no es ninguna “cualidad” de la realidad absoluta, sino sólo de la nuestra, o sea, de la realidad que percibimos o la realidad que formamos (Kant). 

Por ello, una conclusión a la cual podemos llegar, sería que cuando hablamos de materia – o sea, del mundo material – consideramos que estamos refiriéndonos no a una realidad in concreto, sino a una realidad “subyacente”, y esto es porque nos referimos en gran parte – solamente - a imágenes de nuestra propia mente, ya que el hombre siempre para – por lo general – “imaginando cosas”. 

Pero también recordé los tiempos en que estuve sumergido en la filosofía hinduista y recordé que en uno de los escritos filosóficos hindúes (Ashtavakra Gita) dice: “El mundo que de mí ha emanado, en mí se resuelve como la vasija en el barro, la ola en el océano y el brazalete de oro en el oro de que está compuesto”. Esto es porque – para los que hemos leído los textos védicos - en los Vedas, tanto el mundo, como el yo, son considerados “maya”, y esto significa “una ilusión”. Al parecer, los antiguos Vedas ya sabían sobre la “ilusión” que el cerebro humano percibe acerca de lo que llama “realidad” o sobre aquello que se le muestra como “realidad”. Pero no solo los vedas, tenían este antiguo criterio, sino también encontramos en el Libro tibetano de la Gran Liberación, llamado “Bardo Thodol” la siguiente frase: “La materia se deriva de la mente o consciencia y no la mente o consciencia de la materia”. Este concepto es más que interesante, porque quizá fue un punto de partida para los primeros físicos al analizar los estados de la materia, ya que también en el campo de la física cuántica se sabe que el acto de observar un fenómeno afecta a lo que se está observando, algo similar a lo que sabemos que hace el cerebro durante el fenómeno de la percepción. 

Para el científico y constructivista, Heinz von Foerster sostiene que “La Objetividad es el delirio de un sujeto que piensa que observar se puede hacer sin él”. Este mismo autor llama la atención sobre el hecho de que tenemos unos cien millones de receptores sensoriales frente a unos diez billones de sinapsis en nuestro sistema nervioso y por cierto, Von Foerster interpreta como que nosotros somos 100.000 veces más receptivos a lo que ocurre dentro de nuestro cerebro, que a las informaciones procedentes de los órganos de los sentidos. O sea, creemos más en lo que nuestro cerebro almacena o considera como “información almacenada” y no a la información de lo que brindan nuestros sentidos.

Para terminar, el descubridor de la dietilamida del ácido lisérgico, LSD, el renombrado químico intelectual Albert Hoffmann, (fallecido hace cuatro años a la edad de 102 años), una vez dijo: “Reconocí que todo mi mundo se basaba en mis vivencias subjetivas, que estaba dentro de mí y no fuera”. 

Ahora solo queda que usted se pregunte “¿Cuál es la realidad “en sí”, lo que ve, lo que percibe, lo que siente, lo que imagina, lo que conoce, o lo que considera como “conocido” sin saber si realmente conoce, lo que conoce?” No vaya a ser que al final todo sea producto de nuestra propia imaginación o más triste aún, que todo lo que conocemos como “real” o “realidad”, no sean más que una simple ilusión.

 

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