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II - Sobre la fortaleza del Alma

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                                                                    II

                                               Sobre la fortaleza del alma  

Y siguiendo su camino, aquel hombre con la cogulla y el báculo en mano, llegó a un pequeño pueblo donde vio a unos hombres tristes y encorvados, otros rendidos sobre su lecho y uno que otro, cerca a un pozo de agua, pero no hacían nada por saciar su sed. Sin pensarlo dos veces, nuestro misterioso personaje, con el traje de monje, dejó su báculo de madera a un lado y parándose en medio de ellos, dijo así:

«¡Cuánta holganza y resignación veo en vosotros hermanos míos! Sabed pues, que el mundo está hecho para los hombres fuertes y no para los débiles. Pues aquellos que pensaos de este modo, pensais correctamente, pues no podeis tener una "buena" existencia, si vuestras almas son débiles, en ese caso, aquellos que sois así, no mereceis vivir más. ¡Aquellos que querais morir, pues muéranse!

Pero a los que deseais vivir, os traigo buenas nuevas, os traigo palabras de vida, pues aprended a ver la vida como la veo yo y no sentiréis carga, ni aflicción alguna, pero si me preguntáis "¿cómo es la vida para mí?" Os diré que para mí, la vida está ligada a la existencia, y esta tiene que ver con la fortaleza del espíritu, aquella esencia interior que existe en cada uno de vosotros, aquella a la cual llamo "Fortaleza del Alma", pues es ella, la que tengais que hacer salir desde vuestro interior, a pesar de muchas adversidades que la vida y el destino nos presenten. Es así como enseña la razón y solo ella, siempre sabe que es lo mejor para el hombre. 

Sabed pues, que el mundo está hecho para individuos de carácter, no para timoratos. Aquel que logre poseer una fortaleza interna en cualquier estado que se encuentre, por más deplorable que sea su condición, siempre saldrá ganador y será un vencedor. No obstante, hay cosas fuertes que hacen debilitar el corazón de un hombre, por ejemplo, la pérdida de algún familiar, la ruptura de una buena relación sentimental, la mentira, el engaño, la decepción, la pena y muchos otros factores de la cual la humanidad se encuentra plagada, ya que los estados depresivos que algunos atraviesan, muchas veces, lo terminan hundiendo.

Pero yo os he venido a vosotros, no para hundirlos, sino para levantarlos. Yo os he venido aquí, para demostrarles que el punto clave, es tratar de superar todo lo malo, todo lo negativo, para no caer en las debilidades sentimentales que ocasionan estragos al corazón y afectan de manera muy fuerte a vuestras almas. No es fácil salir de esto, pero es ahí donde uno puede llegar a superarlo. Si la depresión no es superada en su momento más fuerte, entonces hermanos míos, nada lo hará. Pero si esta es superada, la fortaleza del alma avanzará para bien. Otro punto es que precisamente en esos estadios, se ve a los hombres realmente de carácter, llenos de valor y coraje, pues ellos sabeis como salir de esos estados agobiantes, por sí mismos.

Pero debéis saber, que esta clase de hombres, los poseedores de espíritus fuertes, se han hecho fuertes a sí mismos, porque supieron en momentos muy críticos de sus vidas, en situaciones delicadas y graves, aquellas donde parecen que las circunstancias de la misma vida echan la "mala fortuna" y todo se desvanece, para no quedar nada por aquí y nada por allá, pues en aquellos momentos, supieron vencer con decisión, optimismo, convicción y acción. Y si os veis que las dificultades del alma son muchas, recordáos pues que a pesar de ello, teneis vida, seguid teniendo disposición de ánimo, de lucha, teneis ímpetu de salir de lo más hondo hasta lo más sublime en vuestras vidas, pues sabed bien que lo que no mata, os hace más fuertes, y lo que no os tumbais, no arrastrará a las profundidades del abismo. Si vosotros poseéis un espíritu libre y fuerte, esto los elevará, más allá de los límites del lenguaje y de los límites del mundo.

Sabed bien esto hermanos míos, y recordáos que mientras los hombres sigan existiendo, sois capaces de lograr muchas cosas en vuestras vidas, pues el hombre, es el único ser que en varias circunstancias vuelve en posible lo imposible, lo negro en blanco, lo seco en húmedo, la noche en día, y si hay algo que no existe, entonces lo crea. Es por ello que parte de las buenas nuevas que os vengo a compartir con vosotros, es que el mundo está hecho para los fuertes, fuertes en valor, espíritu, temple, coraje y en sacrificio. Yo os busco hombres fuertes, pero no de corazón, sino de mente y espíritu».

Una vez que terminó de pronunciar estas palabras, muchos hombres caídos y rendidos por golpes de la vida, se pusieron de pie y le agradecieron por el mensaje. Uno de entre todos ellos, se le acercó, era un anciano, quien mirándole a los ojos, le dijo: «¿Eres tú un sabio?» y nuestro misterioso hombre respondió así:

- Yo no soy ningún sabio, pero te puedo decir buen hombre, que la sabiduría me habló durante buen tiempo, mientras estuve refugiado en aquella montaña. Y lo único que hago ahora, es solamente compartir su mensaje, porque ella luego de hablarme, con voz de estruendo me dijo «Id, ve y compartid, lo que os he enseñado».

- Entonces ¿eres su profeta?

- Solo soy un enviado de llevar sus buenas nuevas, por muchos pueblos y naciones.

- ¿Cuál es tu nombre?

- Hefrén.

- Si tu nombre es Hefrén, y dices que la sabiduría te envió a compartir su mensaje, entonces te llamaré Hefrén, el profeta de la razón.

Luego de escuchar esto, Hefrén, sonrió y siguió su camino. Los hombres de aquel lugar, le agradecieron y le dieron algunas frutas para que siguiera su viaje.


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